Kymaia Puerto Escondido: Gastronomía y Bienestar en la Selva
Kymaia Puerto Escondido es uno de esos espacios donde el diseño, la gastronomía y la naturaleza no compiten, sino que fluyen juntxs como si siempre hubieran estado ahí. A solo media hora de Puerto Escondido, este hotel boutique se esconde entre la selva y el Pacífico como un secreto bien guardado que combina calma, estética y propósito.

Desde que llegas, todo baja de ritmo. El ruido desaparece, el cuerpo respira distinto y la experiencia empieza sin prisas. Kymaia no busca impresionar con excesos, sino conectar desde lo esencial: arquitectura integrada al paisaje, cocina honesta y un respeto real por el entorno.
Kymaia Puerto Escondido y el diseño que se siente vivo
A diferencia de otros hoteles que se imponen sobre el terreno, Kymaia Puerto Escondido fue pensado para convivir con él. El proyecto, liderado por Ezequiel Ayarza Sforza, apuesta por una arquitectura que se mimetiza con la topografía y honra las formas ancestrales de Oaxaca. Las suites —solo 22— están distribuidas estratégicamente para garantizar privacidad, vistas abiertas y silencio real.
Las Ocean Front Suites regalan panorámicas infinitas del mar y piscinas privadas que se sienten como extensiones del horizonte. Mientras tanto, las Junior y Senior Suites, inspiradas en pirámides prehispánicas, mezclan hot tubs, jardines y vistas parciales al océano sin romper la armonía natural.
Además, materiales como arcillas, estucos y maderas locales hacen que cada espacio se sienta cálido, orgánico y cero forzado. Aquí el diseño no grita lujo, lo susurra.
Kymaia Puerto Escondido como destino gastronómico
Ahora hablemos de comida, porque sí: Kymaia Puerto Escondido también se vive desde el paladar. La propuesta culinaria está a cargo del chef Eduardo García, quien transforma ingredientes locales en platos que cuentan historias sin caer en lo pretencioso.
Por ejemplo, Septimus ofrece una experiencia de cocina de autor relajada pero precisa. Huachinango Bar se siente más casual, ideal para tardes largas con cocteles bien pensados. Y La Cueva —un restaurante subterráneo con atmósfera íntima— es ese lugar donde el tiempo se diluye entre sabores, texturas y silencio.
Además, la cocina aquí no solo es deliciosa: es consciente, de temporada y profundamente conectada con la región.
Por otro lado, los jardines regenerativos —El Palmar, La Nopalera, El Humedal y El Guayacán— no son solo paisaje, son parte activa del concepto. Caminarlos es entender que el lujo también puede ser regenerativo.
Finalmente, el bienestar se integra de forma natural. Yoga, meditación, Qigong, surf, caminatas y spa conviven sin horarios rígidos ni expectativas ajenas. Todo sucede a tu ritmo.
En resumen, Kymaia Puerto Escondido no es un hotel para ir a presumir stories sin contexto. Es un refugio para quienes buscan experiencias reales, belleza sin ruido y viajes con intención. Un lugar donde descansar también es una forma de volver a ti.









