Bahidorá 2026: el circuito de arte más inmersivo de México
Si creías que el alma de Bahidorá solo vibra en los escenarios musicales, déjame decirte algo: el verdadero viaje sensorial empieza cuando te pierdes en su circuito de arte. Este año, el recorrido dentro de Las Estacas se convirtió en un manifiesto vivo sobre agua, naturaleza, tecnología y conciencia colectiva. Y sí, lo recorrí completo… y salí sintiendo que había cruzado varios universos en una sola caminata.
Arte que nace del agua (literalmente)
Una de las piezas más potentes fue “A profundidades del Borbollón” de María Antonieta de la Rosa, docente del Centro Morelense de las Artes y artivista feminista. Inspirada en el nacimiento del río en Las Estacas —el famoso Borbollón— la obra funciona como un paisaje textil que evoca el movimiento y la profundidad del agua.

Pero esto no se queda en lo contemplativo. La pieza se activa con un performance durante la tarde: tres bailarinas intervienen el espacio y expanden la narrativa hacia lo corporal. No es solo mirar, es presenciar cómo el arte respira. Y cuando el agua es el punto de partida conceptual, todo cobra sentido: estamos en un santuario natural, así que la reflexión es inevitable.
Basura que se transforma en océano
Después viene un golpe visual fuerte: “El Cardumen” del colectivo Submarina MX. Una instalación hecha con residuos sólidos recolectados en ciudad que se transforma en fauna marina: peces, medusas, pulpos.
De día es impactante. De noche… es hipnótica.

La metáfora es clara: aquello que desechamos puede convertirse en algo que nos confronte. El mensaje no es sutil —y tampoco tiene que serlo—: consumo, responsabilidad y cuidado del agua. Además, conecta perfecto con el enfoque sustentable del festival, que este año impulsó el uso de vasos reutilizables duros para reducir plásticos de un solo uso.
Aquí no se trata solo de bailar, sino de pensar mientras bailas.
Fauna morelense en formato mural
El artista morelense Manolo Garibay presentó un mural que honra la fauna endémica del estado: serpiente, tlacuache, cacomxtle, iguana, escarabajo y alacrán. Su pieza, titulada “Positivos y Dantes”, nos recuerda algo básico pero olvidado: no somos la única especie habitando este planeta.

En medio del festival, este mural funciona como pausa consciente. Un recordatorio de que la fiesta también ocurre en un ecosistema vivo.
Hombres rojos y lenguajes alternos
El artista madrileño con base en Valle de Bravo, Pablo Z, llevó su universo de “hombres rojos” a Bahidorá. Un proyecto que lleva más de una década desarrollando, basado en un código ternario del cual derivó un lenguaje propio de 250 palabras.
Sí, literal creó su propio lenguaje.
Murales, esculturas y una pieza interactiva dentro de un cubo que el público puede intervenir convierten su propuesta en algo participativo. Aquí el arte no es intocable; es diálogo.
Máscaras, espiritualidad y poesía en alambre
El colectivo Pablo y David presentó “Tallao”, máscaras monumentales hechas completamente de alambre recocido. Esculturas que parecen flotar entre lo humano y lo mítico.

La narrativa es profundamente espiritual: referencias al padre, a deidades, a la reconexión con el centro interior. Leer su cédula es casi leer un poema. Y en un festival donde todo es estímulo constante, detenerte frente a estas piezas se siente casi meditativo.
Portal Neón: cuando el arte es código en tiempo real
La parte más futurista del recorrido llegó con “Portal Neón” de Ariz. Una instalación de New Media Art que funciona en tiempo real mediante algoritmos y programación con TouchDesigner.
Nada está pregrabado.

La luz, los láseres y los visuales reaccionan en vivo, generando una experiencia irrepetible. Cada segundo es distinto. Es el tipo de pieza que te hace sentir que estás cruzando un umbral hacia otra dimensión digital.
Y sí, de noche se vuelve absolutamente inmersiva.
Miniaturas cósmicas y mundos escondidos
La artista argentina basada en CDMX, Celestial Brizuela, presentó una obra que juega con la escala y la curiosidad. A simple vista, ves rocas y un meteorito. Pero si te asomas por pequeñas lupas escondidas… hay mundos completos en miniatura.

Celestial trabaja con escultura, miniatura y stop motion, y también presentó activaciones participativas con retroproyector análogo donde el público genera visuales en colectivo. Además, su estudio Estudio Neuma —que comparte con Miguel Jara de Submarina MX— exhibió piezas audiovisuales durante la noche en el cine del festival.
Es un recordatorio hermoso: lo pequeño también puede contener universos enteros.
¿Por qué el circuito de arte de Bahidorá es imperdible?
Porque no es decoración. Es discurso. Es activismo. Es tecnología. Es naturaleza. Es comunidad.

El circuito de arte en Bahidorá 2026 logró algo muy poderoso: crear sinergia real entre arte contemporáneo, sustentabilidad y entorno natural. En un espacio como Las Estacas —donde el agua literalmente nace de la tierra— las piezas dialogan con el paisaje en lugar de competir con él.
Si vas a Bahidorá solo por la música, te estás perdiendo la mitad de la experiencia.
