Septimus, en Puerto Escondido, presenta la evolución de su impronta culinaria a partir de una profunda esencia colaborativa
Hay lugares que entienden perfectamente el mood de una escapada en 2026: menos poses, más conexión; menos pretensión, más experiencias memorables. Y justo ahí entra Septimus, el corazón gastronómico de Kymaia, el oasis escondido entre el Pacífico y la naturaleza salvaje de Oaxaca que está redefiniendo cómo se vive el lujo contemporáneo.
A solo unos minutos de Puerto Escondido, este spot se siente como ese secreto que alguien te comparte en voz baja después de un viaje perfecto. Arquitectura brutalista tropical, vibra contemplativa y una propuesta culinaria que no busca impresionar desde la extravagancia, sino desde la emoción. Porque sí: aquí todo gira alrededor del sabor, pero también de la sensibilidad, la creatividad y el territorio.
Septimus Puerto Escondido y la nueva cocina emocional
La evolución de Septimus Puerto Escondido tiene mucho que ver con la idea de colaboración real. No esa palabra corporativa que aparece en todos lados, sino una energía creativa auténtica entre chefs que comparten visión, técnica y sensibilidad. Bajo la dirección de Eduardo “Lalo” García, junto al dúo venezolano formado por Vanessa Franco y Andrés Trujillo, la cocina de Kymaia encontró una identidad mucho más expresiva y viva.


El resultado se siente desde el primer plato. Hay ingredientes locales, claro, pero tratados con una mirada contemporánea que evita caer en clichés turísticos. La coliflor asada con pistaches y mole verde tiene esa mezcla perfecta entre comfort food sofisticado y cocina emocional. El rigatoni con ragú de cordero parece diseñado para largas sobremesas frente al mar. Y el pescado zarandeado con salsa tatemada logra capturar esa esencia muy específica del Pacífico mexicano: intensa, fresca y relajada al mismo tiempo.

Además, la experiencia completa tiene una narrativa muy clara: productos de temporada, pastas frescas, técnicas cuidadosas y sabores que se sienten honestos. Nada está ahí solo para verse bonito en Instagram —aunque honestamente todo termina viéndose increíble.
Septimus Puerto Escondido y el nuevo lujo relajado
Lo interesante de Septimus Puerto Escondido es que no intenta ser un restaurante inaccesible o solemne. Todo lo contrario. La propuesta encuentra equilibrio entre sofisticación y calidez, algo que hoy define a los destinos más deseados del mundo.
Por otro lado, dentro del universo gastronómico de Kymaia, cada espacio tiene personalidad propia. Huachinango Bar, ubicado junto a la piscina, funciona como ese punto de encuentro espontáneo donde el mood baja revoluciones. Hay ceviches fresquísimos, aguachiles vibrantes, tacos de birria reinventados y cocteles pensados para tardes eternas bajo el sol oaxaqueño.

Mientras tanto, La Cueva lleva la experiencia hacia algo mucho más íntimo y sensorial. Este espacio, disponible únicamente bajo reservación, apuesta por cenas experimentales tipo omakase donde literalmente dejas que el chef tome el control. El menú cambia constantemente según temporadas y cosechas, lo que hace que ninguna visita sea igual a la anterior. Y sí, eso incluye wagyu, pastas artesanales y reinterpretaciones inesperadas de sabores oaxaqueños.
Ahora bien, lo que realmente hace especial a Kymaia es cómo todo dialoga entre sí: la arquitectura firmada por Productora, el paisaje salvaje, el sonido del mar y esta cocina que parece respirar al ritmo de las estaciones.
Septimus Puerto Escondido: el destino foodie que todos van a querer descubrir
En realidad, la conversación gastronómica en México ya no solo vive en las grandes ciudades. Destinos como Puerto Escondido están construyendo una nueva escena culinaria mucho más relajada, emocional y conectada con el entorno. Y Septimus Puerto Escondido está liderando exactamente esa transformación.

Aquí no se trata únicamente de comer bien —aunque definitivamente sucede—, sino de vivir el momento completo. De desayunos lentos después de surfear, cenas que se alargan entre velas y vino natural, conversaciones infinitas y platos que logran quedarse en la memoria mucho después del viaje.
Porque el verdadero lujo en este momento no es la ostentación. Es encontrar lugares que todavía se sienten genuinos.
Y Septimus definitivamente tiene esa energía.
