RECREO: EL ARTE DE VOLVER A JUGAR JUNTOS EN BAHIDORÁ
En un mundo que va demasiado rápido, Recreo Bahidorá aparece como ese recordatorio necesario de que jugar también es una forma de conectar, crear y estar presentes. Dentro del universo de Bahidorá, Recreo no es solo un espacio: es una actitud. Es bajar la guardia, soltar el celular un rato y dejar que el cuerpo, la imaginación y la curiosidad tomen el control.
Desde que pones un pie en Las Estacas, todo cambia de ritmo. Aquí el arte no se mira desde lejos ni se explica con placas interminables: se vive. Recreo Bahidorá propone experiencias que se sienten en el cuerpo, en el movimiento y en la convivencia, creando un punto de encuentro donde desconocidos se vuelven cómplices por un momento.
Además, el entorno natural se convierte en parte del juego. La selva, el río y los senderos funcionan como escenarios vivos donde cada actividad sucede de forma orgánica, sin poses ni pretensiones.
Recreo Bahidorá activa el cuerpo
Una de las claves de Recreo Bahidorá es el movimiento. Aquí el cuerpo vuelve a ser protagonista, no desde la exigencia, sino desde el gozo. Talleres como la experiencia de percusión africana de Rain Maker transforman el ritmo en un lenguaje colectivo, donde escuchar al otro es tan importante como tocar.

Por otro lado, el juego se vuelve excusa para convivir con propuestas como el Torneo Oficial de Ping Pong Bahidorano de Clubcito, donde competir importa menos que reír, encontrarse y compartir. El arte aparece cuando menos lo esperas: el crew Isak recorre el espacio con malabares y recorridos inesperados, convirtiendo los trayectos cotidianos en momentos de asombro.
Mientras tanto, actividades como el acroyoga, el slackline o el hulahooping invitan a confiar, equilibrarse y fluir. No se trata de hacerlo perfecto, sino de intentarlo juntos.
Recreo Bahidorá conecta desde el arte
El Circuito de Arte complementa la experiencia de Recreo Bahidorá con instalaciones y obras que dialogan directamente con la naturaleza. Cada pieza invita a recorrer Las Estacas desde otra mirada, más lenta y más sensible.
Artistas como Celestial Brizuela crean universos delicados donde la miniatura y la animación dan vida a lo aparentemente inerte. Manolo Garibay conecta territorio, memoria y paisaje en obras que se sienten profundamente arraigadas al entorno. Desde una perspectiva crítica y feminista, María Antonieta de la Rosa utiliza el bordado como lenguaje de resistencia y visibilización.

Finalmente, proyectos como Máscaras de Alambre, Submarina MX, MINENA, Pablo Zeta y SSPHS expanden el circuito con propuestas que mezclan escultura, performance, conciencia ambiental, narrativa visual y tecnología, demostrando que el arte también puede ser juego, pregunta y experiencia sensorial.
En Recreo Bahidorá, volver a jugar no es nostalgia: es una forma de estar presentes. Es recordar que el arte no siempre se entiende, pero sí se siente. Y cuando el cuerpo se mueve, la imaginación se activa y el tiempo se suspende, algo se enciende de verdad.
