ISLA B: EL TERRITORIO DE CONEXIÓN Y BIENESTAR QUE LATE EN BAHIDORÁ
Cada febrero, Bahidorá se convierte en un punto de encuentro donde la música, la naturaleza y las personas se alinean. Pero dentro de ese universo existe un territorio especial que vibra distinto: Isla B Bahidorá, un espacio pensado para bajar el ritmo, volver al cuerpo y reconectar con lo esencial. No es una pausa del festival, es otra forma de vivirlo.
Isla B nace como un refugio sensorial dentro de Las Estacas, donde el bienestar no se impone ni se explica: se experimenta. Aquí el tiempo se estira, la respiración se vuelve consciente y el cuerpo recuerda que también sabe escuchar.
Además, este espacio propone algo poco común en los festivales: presencia real. No hay prisa, no hay performance, solo prácticas que invitan a sentir sin filtros y a compartir desde un lugar honesto.
Isla B Bahidorá como territorio vivo
En Isla B Bahidorá, el bienestar se manifiesta a través del movimiento, el sonido, la respiración y el silencio. Las experiencias están diseñadas para explorar distintas formas de habitar el cuerpo, desde meditaciones en movimiento hasta rituales sonoros que atraviesan lo físico y lo emocional.

Por ejemplo, las meditaciones sensoriales de Introspecta activan los sentidos para anclarnos al presente, mientras que las sesiones de breathwork y renacimiento guiadas por Lina Cano utilizan respiración consciente, música y movimiento para soltar lo que pesa y abrir espacio a lo nuevo.
Asimismo, el yoga toma múltiples formas: el Yoga Psicosomático de Paulina Ustarán integra emoción y conciencia corporal, mientras que el Yoga Flow & Stretch de Sonia Seger invita a liberar tensiones y recuperar energía desde la escucha interna. En Isla B Bahidorá, cada práctica es una conversación entre cuerpo y mente.
El lenguaje del movimiento
Por otro lado, la danza se convierte en una herramienta de transformación. En Shakti Dance x Ananda Valuet, el movimiento consciente conecta con la energía vital a través de ritmos inspirados en tradiciones hindúes. No se trata de ejecutar pasos, sino de permitir que el cuerpo se exprese con libertad.
La Danza Africana con Momo N’Diaje suma una dimensión colectiva y celebratoria, donde el ritmo une tradición y presente, recordándonos que el movimiento también es memoria. A esto se suman los talleres de percusión de Jerónimo Zoe, donde el pulso individual se sincroniza con el de otros para crear algo compartido.

Finalmente, el sonido actúa como hilo invisible. Conciertos inmersivos como el de Marcia Valverde (Nativa Cósmica), el Concierto Ritual de Rio Vasudeva o la Danza del Venado de Michelle Félix expanden la experiencia hacia lo ancestral, conectando con una sabiduría que vive en el cuerpo desde siempre.
Además, el bienestar de Isla B Bahidorá se extiende más allá de su espacio físico con sesiones de sound healing en el río, donde el agua, la vibración y la escucha profunda crean una experiencia colectiva de calma e integración.
Isla B no es solo un programa dentro del festival. Es un recordatorio de quiénes somos cuando bajamos el ruido. Porque en Bahidorá el encuentro es colectivo, pero en Isla B Bahidorá, todo empieza por dentro.
