Erik Huato: la intensidad de crear
En un mundo donde las redes sociales hacen parecer que los sueños están a un “like” de distancia, Erik Huato rompe esa ilusión con una honestidad brutal: la danza no es solo talento, es disciplina mental, resistencia emocional y una pasión que quema.
Desde la Ciudad de México, este bailarín, coreógrafo y creador ha construido una identidad marcada por la intensidad, el perfeccionismo y una energía que no se puede fingir. Pero detrás de cada coreografía, hay dudas, presión y una responsabilidad que nunca imaginó cargar: convertirse en inspiración.
Platicamos con él sobre su proceso, la industria, el arte de crear y lo que realmente significa tomarse en serio un sueño.
Por: Givris

¿Cómo te describes como bailarín, creador y artista?
Creo que soy una persona muy perfeccionista. Sé que la perfección no existe, pero siempre intento que ningún detalle se me escape. Eso me lleva a la intensidad.
Me gusta que mi trabajo se sienta pasional, energético. Entonces diría que soy intenso, energético y perfeccionista.
¿En qué momento decidiste tomarte la danza en serio?
Fue fuerte, porque lo decidí a la mitad del camino.
Yo ya bailaba, tomaba clases, pensaba en bailar… pero no lo veía como algo serio. Fue hasta la pandemia cuando dije: ok, si realmente quiero ser bailarín, ¿qué hace un bailarín? ¿Cómo piensa? ¿Qué come? ¿Qué ve?
Ahí cambió todo. Dejé de verlo como un juego y me metí de lleno.
¿De dónde viene tu motivación? ¿Tenías referentes?
Al principio no conocía a muchos bailarines. Me los iban enseñando y yo decía “wow, bailan increíble”.
Las redes sociales también influyeron mucho. Ver gente de otros países me motivó muchísimo. Hay muchos bailarines que fueron clave al inicio de este proceso.

¿Qué se siente convertirte en inspiración para otros?
Es raro… y es fuerte.
Se siente como una gran responsabilidad. Nunca lo pensé. No sabía que iba a pasar.
Cuando la gente empieza a opinar sobre tu trabajo, a escribirte, a decirte que los inspiras… eso pesa. Porque ya no es solo lo que tú haces, también es lo que generas en los demás.
Y aunque intento no cargar con eso todo el tiempo, sí es algo que está ahí.
¿Algún mensaje que te haya marcado especialmente?
Sí. Hay personas que me han escrito mensajes muy fuertes, agradeciéndome por inspirarlos o por hacerles creer que pueden lograr sus sueños.
Eso es brutal.
Porque alguien se toma el tiempo de abrirse contigo, de escribirte algo tan personal… y eso no lo haces con cualquiera.
Ahí entiendes que esto ya no es un juego.

¿Qué le dirías a quienes quieren dedicarse a la danza en serio?
Que no es un juego.
Las redes sociales pueden hacerte creer que todo está a un like de distancia, pero no es así. Es una carrera que, si no estás preparado mentalmente, puede destruirte.
Vas a vivir frustraciones, miedos, desilusiones. A veces te sentirás increíble y otras veces no te van a elegir.
Se necesita constancia, trabajo mental, paciencia… y también diversión. Porque si no hay equilibrio, no aguantas.
¿Cómo ha cambiado la industria de la danza en los últimos años?
Antes se valoraba mucho más la imagen. El físico, la cara bonita.
Hoy siento que hay un cambio. Muchos proyectos ya buscan talento real, gente preparada.
No digo que en todos los casos, pero sí se está transformando. Y eso se agradece.
¿Sigue existiendo la división entre danza clásica y urbana?
Cada vez menos.
Hoy todo se mezcla. Ves artistas incorporando ballet, urbano, teatralidad… todo en un mismo show.
Ya no hay reglas. Y eso lo hace mucho más interesante.

Cuéntanos sobre tu experiencia trabajando con Emjay
Al principio tuve que investigar, no estaba tan familiarizado.
Pero algo que me impactó es que le encanta lo que hace. Tiene hambre, compromiso, y eso se nota.
No le importa verse “perfecta”, lo que quiere es transmitir. Y eso, en el entretenimiento, es todo.
Trabajar con alguien así te motiva muchísimo.
¿Cómo es tu proceso creativo al trabajar con un artista?
Primero: estudiar.
Escuchar su música, ver cómo se mueve, entender quién es. No puedes llegar con ideas sin conocer al artista.
Después mezclas tu esencia con la suya. Es encontrar ese punto donde ambas identidades conviven.
Y también… fantasear. Crear sin miedo.
También eres actor. ¿Cómo influye eso en tu danza?
Muchísimo.
La danza no es solo movimiento. También es emoción, expresión.
Puedes ser técnicamente increíble, pero si tu cara no transmite nada… se pierde todo.
La actuación me ayudó a entender eso y a complementar mi estilo.
¿Cómo defines tu esencia como artista?
Fantasioso, intenso y aferrado.
Soy muy insistente. Si algo no me sale, lo repito hasta que funcione.
Antes me quedaba horas practicando hasta lograrlo. Y eso sigue siendo parte de mí.

¿Cómo describes a tu comunidad?
Son intensos, aferrados, talentosos.
Son guerreros.
Me encanta porque quieren más, siempre más. No vienen a jugar, vienen a crecer.
¿Qué hacer en momentos de frustración o bloqueo?
Transformarlo.
No te lo quedes. Baila, crea, escribe, haz algo con eso.
Yo, cuando tengo un mal día, me pongo a crear desde ese enojo o frustración.
El arte también es eso: canalizar lo que sientes.
¿Qué escuchas en esos momentos?
Depende. A veces algo muy bohemio como Juan Gabriel.
Y otras veces necesito activarme con algo como Lady Gaga.

Un artista que no juega a ser artista
Hablar con Erik Huato es entender que el talento no es suficiente.
Que detrás de cada coreografía hay disciplina, caos interno, obsesión y una necesidad constante de evolucionar.
En una industria que cambia rápido, donde las tendencias van y vienen, él apuesta por algo más difícil: la autenticidad.
Y aunque todavía siente que le falta mucho camino por recorrer, hay algo que ya es evidente…
Su impacto ya empezó.
