Roberto Lara x American Eagle
Roberto Lara no te habla desde la perfección, sino desde el proceso. Desde levantarse temprano aunque no tenga ganas, desde aprender a estar solo, desde cuestionarse quién es y quién quiere llegar a ser.
Su historia no es la del típico “fit” que nació en el gimnasio, sino la de alguien que probó, se equivocó, cambió de rumbo y encontró en la disciplina una forma de ordenarse por dentro. Hoy, más que contar repeticiones o calorías, habla de algo mucho más profundo: construir una vida que sí se sienta bien habitar.
Esa misma filosofía conecta con marcas como American Eagle y su línea de underwear, que va más allá de lo estético para centrarse en la comodidad, la confianza y la libertad de ser tú mismo. Porque cuando te sientes bien en tu propia piel —y en lo que llevas puesto— todo lo demás empieza a alinearse.
Por: El Poderoso Dave
Foto: Charlie Amateco
Grooming: Suzie Nieto
Styling: El Poderoso Dave
Contenido: Givris
Locación: Orange Theory Fitness

¿Cómo empezaste en el mundo del fitness y hace cuántos años?
Como tal, desde niño yo he estado haciendo diferentes tipos de deportes. Empecé jugando básquetbol en la primaria, luego en secundaria tenis, me fui a una academia en Puebla donde entrenaba todo el día. Ya era algo más de alto rendimiento y mi enfoque era mejorar para irme a Estados Unidos a jugar college.
En prepa me fui a Canadá a una academia de tenis, terminé y el plan era aplicar a universidades, pero por temas económicos ya no pude seguir. Regresé a Puebla, entré a la universidad y ahí empecé con el gimnasio porque era más práctico.
Luego me fui a Ciudad de México y me metí más al fisicoculturismo. Siempre he sido muy disciplinado, el trabajo duro es esencial para mí. Estudiaba, trabajaba y entrenaba. Me levantaba temprano, entrenaba de 6 a 8, trabajaba, iba a clases y en la noche preparaba mis comidas.
Hice tres competencias, gané dos y en la última quedé en segundo lugar. Ahorita estoy más enfocado en Hyrox, que es algo más atlético y me hace sentir muy bien.
¿Cómo fue tu camino antes de llegar a CDMX?
Soy originario de Tampico. Luego viví en Veracruz con mi papá porque no me portaba tan bien. Después me fui a Puebla por el tenis, hice secundaria y prepa ahí, me fui a Canadá un año y regresé a Puebla. Estudié unos semestres y luego me vine a Ciudad de México a trabajar.
¿Qué opina tu familia sobre que te dediques al fitness?
Mis papás son muy tradicionales, de estudiar, tener un trabajo estable. Eso les da tranquilidad. Yo tenía un trabajo de oficina, pero este año decidí dejarlo y enfocarme al fitness.
La verdad… no saben todavía. Ellos piensan que sigo trabajando, pero ya estoy emprendiendo con mis asesorías.
No quiero ser solo un coach que te da dieta y rutina. Quiero ser un guía, ayudarte a tener una mejor calidad de vida, que sea sostenible y que lo disfrutes. Que lo veas como amor propio, no solo como un objetivo físico.
¿Qué papel juega la salud mental en tu estilo de vida?
Es fundamental. Hace como año y medio leí mi primer libro: Deja de ser tú de Joe Dispenza. Eso me cambió mucho. Empecé a leer más, a entenderme, a conocerme.
Para mí es entender quién soy y quién quiero ser. Tener claro que ya soy esa persona desde ahora. Eso te da dirección.
Todo lo que hago —lo que como, lo que veo, lo que escucho— tiene un propósito. Y eso me da paz. También aprendí a agradecer, sobre todo después de haber tenido COVID fuerte. Ahí entendí lo valioso que es simplemente moverte o respirar bien.
¿Cómo lidias con la comparación constante en el mundo fitness?
En el fisicoculturismo es muy común. La dismorfia corporal está muy presente. Yo también pasé por eso, de verme bien un día y mal al siguiente.
Pero entendí que es subjetivo. Y que no puedes vivir así.
Hoy estoy mucho más tranquilo. Ya no me interesa tanto lo físico, sino el rendimiento. Ser más rápido, más ágil. Y sobre todo, sentirme bien conmigo. Porque al final, lo exterior es reflejo de lo interior.
¿Cuáles son tus placeres culposos?
La pizza, los tacos, las hamburguesas. Me encantan.
Pero aprendí a disfrutar también mi comida diaria. O sea, mi arroz con carne, verduras… lo disfruto. No lo veo como castigo.
Y si un día quiero tacos, me los como. No pasa nada. Todo depende de tu objetivo y de qué tan balanceado seas.
¿Qué ha sido lo más difícil de este estilo de vida?
Las amistades. Me he vuelto más solitario.
Entreno dos veces al día, sigo mi plan, cuido mi descanso… y eso implica sacrificar salidas, eventos, incluso relaciones.
Pero ahorita estoy muy enfocado en mí y en lo que quiero construir.
¿Qué es lo que más te enorgullece?
Poder ayudar a las personas. Que alguien me diga que se siente mejor gracias a lo que le compartí.
Y también ver en quién me he convertido. Todo lo que he pasado me llevó a ser quien soy hoy. Y sé que el Roberto de hace 10 años estaría orgulloso.
¿Cómo equilibras tu disciplina con eventos sociales importantes?
Hay cosas no negociables, como eventos importantes de personas cercanas. Ahí estoy.
Pero en general, soy muy selectivo. Todo lo veo desde mis prioridades.
¿Qué es lo que más disfrutas de entrenar?
El reto. Cada entrenamiento es un nuevo reto.
Incluso cuando no tengo ganas, voy. Y eso vale el doble. Porque te construye. Te confirma quién eres.
¿Cuáles son los errores más comunes en quienes empiezan?
No informarse bien.
Tener miedo o compararse.
No entender que es un proceso.
Querer resultados rápidos.
No encontrar algo que disfruten.
Todo tiene que ser sostenible y adaptado a ti.
¿Qué te hace diferente como coach?
Mi disciplina.
Y que no quiero solo darte dieta y rutina. Quiero cambiar tu forma de pensar. Trabajar desde adentro hacia afuera. Acompañarte de verdad.
¿Quién te inspira?
Tony Robbins, por el impacto que tiene en las personas.
Y David Goggins, por su mentalidad y resiliencia.
¿Qué le dirías a tu yo de 13 años?
Que estuvo bien todo lo que vivió. Que gracias a eso hoy soy quien soy.
Y que ayudar a las personas siempre ha sido mi propósito.
En un mundo obsesionado con resultados rápidos, cuerpos perfectos y comparaciones constantes, Roberto Lara propone algo mucho más poderoso: construirte desde adentro. Su disciplina no nace del castigo, sino de la claridad. Y su enfoque no es solo físico, sino profundamente humano.
Porque al final, no se trata de cuánto levantas… sino de quién te estás convirtiendo en el proceso.







































