Entre la crianza y el placer: una conversación urgente sobre bienestar sexual femenino en la maternidad
Durante años, la maternidad fue narrada casi siempre desde el sacrificio. La mamá que puede con todo. La que no duerme, no descansa y aun así sigue adelante como si el agotamiento fuera parte obligatoria del paquete. Pero algo cambió. Hoy, cada vez más mujeres están empezando a hablar de lo que antes parecía incómodo mencionar: qué pasa con su identidad, su deseo y su sexualidad después de convertirse en madres.
Y justo ahí es donde Platanomelón quiere abrir la conversación.
En el marco del mes de mayo, la plataforma sex positive puso sobre la mesa un tema que continúa siendo invisibilizado incluso dentro de las discusiones sobre bienestar femenino: el conflicto entre la identidad materna y la identidad personal. Porque sí, convertirse en mamá transforma absolutamente todo —el cuerpo, la rutina, la dinámica emocional y hasta la forma de habitarse a una misma—, pero pocas veces se habla de cómo esos cambios también impactan el deseo, el placer y la conexión con el propio cuerpo.
La pregunta aparece más veces de las que imaginamos: ¿seguiré sintiéndome mujer después de ser mamá?
Sexualidad materna: el tema del que casi nadie habla
Además, el problema no tiene que ver únicamente con la vida sexual en pareja. Especialistas en bienestar sexual coinciden en que muchas mujeres atraviesan una reconfiguración emocional mucho más profunda donde la autoestima, la sensualidad y el placer personal terminan quedando en segundo plano frente a las exigencias del cuidado.
Y en un país como México, donde la maternidad sigue estando ligada culturalmente a la idea de entrega absoluta, hablar de sexualidad materna todavía genera incomodidad. Como si el deseo femenino tuviera fecha de caducidad después de tener hijos.
De acuerdo con Claudia Lobatón, existe una narrativa que romantiza el cuidado y deja toda la carga mental del autocuidado en las mujeres. El resultado: agotamiento extremo, desconexión emocional y un deseo que muchas veces termina completamente sofocado.
Por otro lado, tampoco ayuda que gran parte de las conversaciones alrededor de la maternidad sigan girando únicamente alrededor del bebé, mientras el bienestar emocional y sexual de las madres queda prácticamente fuera de la conversación pública.
Maternidad e identidad femenina: por qué el cuerpo también cambia emocionalmente
En realidad, el dilema no es solo físico. Diversos estudios y especialistas han señalado que muchas mujeres experimentan una desconexión con su cuerpo después del embarazo y el postparto. Durante meses —o incluso años— el cuerpo deja de sentirse propio para convertirse en un espacio funcional que alimenta, sostiene y cuida.
A eso se suma algo que hoy define gran parte de las conversaciones sobre bienestar femenino: la carga mental. Porque el deseo no aparece únicamente desde lo físico; también necesita descanso emocional, tiempo, espacio mental y conexión personal. Y la maternidad temprana muchas veces ofrece exactamente lo contrario.
Además, persisten frases y expectativas culturales que refuerzan la idea de que el placer femenino es secundario. “Ahora eres mamá”, “primero están los hijos” o “eso ya no importa” siguen apareciendo en conversaciones cotidianas que terminan normalizando la desconexión emocional de miles de mujeres.

Por eso, uno de los puntos más importantes que plantea Platanomelón tiene que ver con resignificar la sexualidad dentro de la maternidad. No desde la presión de “volver a ser la misma”, sino entendiendo que la sexualidad también evoluciona y cambia junto con cada etapa de la vida.
Platanomelón y la importancia de hablar del bienestar sexual
Ahora bien, hablar de sexualidad materna también implica hablar de salud integral. Del derecho a descansar, reconectar con el cuerpo y construir nuevas formas de placer sin culpa ni expectativas imposibles.
Entre las recomendaciones que comparte la sexóloga Claudia Lobatón están recuperar espacios personales de descanso, volver a conectar desde la ternura y las caricias, priorizar la estabilidad emocional y eliminar la presión alrededor de cómo “debería” vivirse la sexualidad después de la maternidad.
También se habla de la masturbación, las fantasías y el autoconocimiento como herramientas válidas para reconstruir el vínculo con el placer desde un lugar mucho más libre y consciente.
Porque convertirse en mamá no significa dejar de ser mujer. Significa aprender a integrar nuevas versiones de una misma, incluyendo aquellas relacionadas con el deseo, la autoestima y el bienestar íntimo.
Y quizá ahí está el verdadero cambio cultural: empezar a entender que el cuidado también debería incluirlas a ellas.
