EIEMV: La danza urbana también puede sanar
Hay artistas que bailan para ejecutar pasos y otros que utilizan el cuerpo para decir cosas que ni siquiera podrían explicar con palabras. EIEMV, conformado por Emilio, Moti y André pertenecen a esa segunda categoría.

Más que un crew o un grupo de bailarines, los tres han construido una conexión artística donde la danza funciona como lenguaje emocional, refugio personal, declaración creativa y la música. Después de compartir escenarios con artistas como Peso Pluma, Natanael Cano y Belinda, hoy buscan abrir una conversación distinta dentro del urbano mexicano: una donde el bailarín deje de ser “el fondo” para convertirse también en protagonista.
Entre vulnerabilidad, espiritualidad, ego, masculinidad y performance, platicamos con ellos sobre el arte como sanación, la importancia de crear desde la emoción y el proyecto que están construyendo juntos.
Por: El Poderoso Dave
Foto: Marielle Valencia
Styling: Sebastián Preciado
Los tres vienen de mundos creativos distintos, pero todos están conectados por el movimiento. ¿Qué creen que dice su forma de bailar sobre ustedes como personas?
Emilio:
Creo que en lo personal, generalizando toda la cuestión artística y creativa, el arte me salvó como ser humano. La danza y la música fueron una salida para encontrarme a mí mismo. Una salida hacia adentro.
Bailar, escribir o cantar me ayuda a expresar muchas cosas que pasan dentro de mi cabeza y que a veces me cuesta muchísimo decir. Cuando quiero expresar algo, quiero gritarlo, y la danza y la música son justamente eso para mí.

Moti:
Yo siento que utilizo la danza como un canalizador. Más allá de buscar comprensión o desahogo, creo que simplemente acepto que mi naturaleza es creativa y que escogió esta herramienta para entender mi experiencia por la vida.

André:
Yo con el baile aprendí a darle prioridad y respeto a la música. Todo nace desde ahí. La música es la materia prima de todo lo que hago y siempre cambia dependiendo de lo que estoy viviendo.

¿Qué sienten que la gente malinterpreta más sobre los bailarines urbanos?
Moti:
Creo que muchas veces se subestima la capacidad artística que existe dentro de lo urbano. Como si fuera un lenguaje limitado, cuando en realidad puede expandirse muchísimo más de lo que la gente cree.
Muchos performers terminan convirtiéndose también en marcas personales. ¿Cómo equilibran autenticidad y exposición?
Emilio:
Algo que me funcionó fue romper con muchas ideas sistemáticas que me enseñaron sobre cómo “debía” ser mi camino. Me hicieron creer que había una fórmula exacta: estudiar ballet ciertos años, prepararte de cierta manera, seguir pasos específicos.
Lo hice, pero no me apasionaba. Me frustraba porque sentía que no estaba buscando mi propio camino.

Cuando dejé de seguir expectativas ajenas y empecé a preguntarme quién era realmente Emilio, qué quería expresar y qué me hacía sentir vivo, fue cuando comenzaron a pasar cosas que antes veía imposibles.
Ser auténtico es eso: quién eres cuando te levantas, qué piensas antes de dormir, qué sientes cuando ves una pintura o escuchas música. Todo eso termina reflejándose en tu arte.
¿Cómo se conocieron y cómo decidieron crear este proyecto juntos?
André:
Primero conocí a Moti. Eso pasa mucho en la industria artística: empiezas compartiendo likes, comentarios o admiración por el trabajo de alguien y eventualmente terminan conectando.

Moti:
Yo conocí a Emi cuando él empezó a bailar. Coincidimos dentro de la comunidad y desde ahí se fue construyendo una amistad muy fuerte.
Emilio:
Con ellos dos se siente como una película. Literalmente hemos materializado muchos sueños juntos. Nuestra primera gira fue juntos y fue con Peso Pluma. También ahí estaba André.
Naturalmente empezamos a coincidir porque vibrábamos parecido. Son mis espejos.
¿Cómo describirían la personalidad artística de cada uno?
Moti:
Yo diría que mi personalidad artística es monstruosa. Tengo un concepto que llamo “El Monstruo” y busco llevar la monstruosidad y la implicidad al máximo.

André:
La mía sería más artesanal. Me tomo mucho tiempo para construir mis piezas y soy bastante reservado y perfeccionista.
Emilio:
A mí me gusta brillar, pero no desde el ego. Me gusta compartir mi brillo para que otras personas encuentren el suyo también.
¿Qué tan importante es el ego dentro del performance?
Moti:
Sí se necesita cierto ego, pero entendido como presencia y seguridad. Saber que eres capaz de sostenerte frente a miles de personas.
El problema es cuando el ego no tiene fundamentos reales. Ahí se vuelve algo vacío y eso termina reflejándose en el arte.
Emilio:
También tiene que ver con el respeto hacia uno mismo y hacia el escenario. Querer que las cosas se vean bien sí es importante.

¿Qué diferencia a un verdadero performer de alguien que solo ejecuta pasos?
André:
Puedes tener una ejecución técnicamente perfecta, pero no provocar absolutamente nada. Para mí la diferencia está en qué tanto haces sentir.

Emilio:
Ejecutar es seguir una secuencia. Interpretar es otra cosa completamente distinta.
Interpretar implica vulnerabilizarte, excavar en tus emociones, en lo que te duele, en lo que te inspira y traducirlo con tu cuerpo.
Hoy vivimos con tanta inmediatez y tanto estímulo que cada vez cuesta más llegar a ese nivel de introspección.
¿Qué tan vulnerable puede ser alguien que vive constantemente arriba de un escenario?
Moti:
Depende mucho de la obra que estés representando. Hay artistas que pueden contar historias que ni siquiera les pertenecen y aun así transmitirlas honestamente.
Emilio:
Muchas veces los artistas crean una coraza para poder plantarse frente al público.
Por ejemplo, cuando trabajamos con corridos tumbados, tienes que entrar completamente en esa narrativa. Aunque no seas esa persona en la vida real, tienes que meterte en la cabeza del personaje para interpretar la historia correctamente.
Ahí es donde empieza la vulnerabilidad.

¿Qué heridas personales creen que terminaron convirtiéndose en arte?
Moti:
Yo soy una persona muy visceral. Mis obras siempre tienen que venir de algo que viví realmente.
Una vez convertimos una pérdida muy fuerte en una pieza artística y entendí que las emociones más intensas son las que más nos impulsan a crear.
Emilio:
La danza y la música fueron mi sanación. Literalmente mi despertar espiritual.
Buscar de dónde venía mi creatividad terminó conectándome conmigo mismo, con mi conciencia y hasta con Dios.

André:
El día a día es la fuente de inspiración. Desde una decepción amorosa hasta alguien que te cae mal. Todo se convierte en gasolina para crear.
¿Qué significa la masculinidad dentro de la danza urbana actual?
Moti:
Siento que hoy la masculinidad dentro de la danza ya puede abrirse a muchas posibilidades.
No se trata de exponerse como algo femenino o masculino específicamente, sino de entender que existen muchísimas formas de habitar la masculinidad.

¿Alguna vez sintieron que tenían que demostrar dureza o masculinidad para ser tomados en serio?
Todos:
Totalmente.
Cuando piensan en éxito, ¿qué imagen les viene a la cabeza?
Moti:
Cada vez necesitar menos.
Emilio:
Disfrutar el proceso como cuando eres niño y todo te sorprende por primera vez.
Para mí el éxito es poder estar presente con lo que la vida me vaya poniendo enfrente.
André:
Plenitud. Paz. Tener la capacidad de sentir que todo está en orden.

¿Qué les gustaría que la gente entendiera de ustedes después de esta entrevista?
Emilio:
Que el bailarín puede evolucionar y llegar a lugares que ni siquiera imaginaba.
Muy pocos bailarines urbanos tienen acceso a espacios como entrevistas o revistas, entonces vivir esto sí se siente como un antes y un después.
También me gustaría que entendieran que todo el proceso ha valido la pena.

André:
La dignificación de nuestro trabajo.
Muchísima gente sacrifica demasiadas cosas por dedicarse a esto y aún así sigue siendo complicado que el baile sea tomado completamente en serio, especialmente dentro de lo urbano.
Para alguien que todavía no conoce su proyecto, ¿cómo lo definirían?
Moti:
Una nueva propuesta. Proponer, proponer y proponer.
¿Qué viene para ustedes?
Emilio:
El proyecto ya está tomando muchísima forma.
Mañana tenemos una alfombra roja en los Premios Ícono, después un showcase en Tampico y próximamente grabaremos el primer sencillo del proyecto.
También abriremos un concierto de El Malilla en Tampico.
Ha sido muy fuerte vivir esta transición de bailarín a cantante porque durante mucho tiempo pensé que no podía hacer ambas cosas. Sentía miedo de salir de ese molde que existe dentro de la industria de la danza.

Pero ahora solo quiero aventarme y creerme lo que está pasando.
¿Qué los hace sentir más orgullosos en este momento?
Moti:
Que finalmente estamos tomando acción y materializando todo lo que llevábamos años creando.
Y personalmente, estoy orgulloso de seguir vivo y de seguir experimentando esta vida al máximo.

André:
La sincronía que hemos construido entre los tres durante tantos años.
Emilio:
Poder inspirarnos mutuamente y entender que no estamos solos.
Durante mucho tiempo me costó reconocer todo lo que he construido. Siempre quería más y más, sin detenerme a valorar lo que ya había logrado.
Ahorita estoy aprendiendo a creérmela. No desde el ego vacío, sino desde reconocer que sí he trabajado muchísimo por esto.
Y siento que apenas estamos empezando.

Más allá del performance, Emilio, Moti y André están intentando abrir una conversación distinta dentro de la escena urbana mexicana: una donde bailar también signifique sanar, vulnerabilizarse y construir identidad.
En una industria donde muchas veces el bailarín permanece al fondo del escenario, ellos buscan demostrar que el movimiento también puede ser discurso, presencia y protagonismo.
Y apenas están comenzando.
