Jesús Rodríguez: el teatro como libertad
Para Jesús Rodríguez, actuar es mucho más que interpretar una historia: es una oportunidad para mirar el mundo desde otras perspectivas. Desde sus primeros encuentros con el teatro hasta su trabajo como Neil Perry en La Sociedad, el actor ha encontrado en el escenario un espacio para explorar la sensibilidad, la libertad y las contradicciones humanas.
Por: El Poderoso Dave

Además, su experiencia en teatro musical y su trabajo como creador de contenido conviven con una curiosidad constante por contar historias. Hoy, a través de Neil, reflexiona sobre las expectativas que heredamos, el miedo a decepcionar y la importancia de aprender a escuchar nuestra propia voz.
¿Quién es Jesús Rodríguez cuando no está interpretando a alguien más?
Soy una persona muy creativa. También soy creador de contenido y siempre estoy buscando cómo llevar mis ideas a diferentes formatos. A veces se relacionan con personajes y otras veces se convierten en guiones, propuestas para grabar o videos con efectos cinematográficos. ¡Me encanta ponerles mil efectos y hasta duplicarme!
Cuando no estoy en un escenario, trato de vivir mi vida como si fuera un personaje dentro de una película. Me gusta encontrar esa parte cinematográfica en las cosas cotidianas y llevarla de la mano con mi creatividad.
¿En qué momento descubriste que la actuación era el camino profesional que querías seguir?
Creo que desde niño. Mis papás siempre se burlan de mí porque era el que sacaba el micrófono en las reuniones familiares y se ponía a cantar. Me encantaba el teatro musical y soy muy fan de Disney desde pequeño, así que en todas las reuniones terminaba cantando canciones de High School Musical y otras películas.

Mis papás me ayudaron muchísimo porque me acercaron a cursos, talleres y clases. Estuve en una escuela donde hacíamos una obra de teatro al final de cada ciclo escolar y recuerdo perfectamente la primera vez que entré a un teatro.
Iba en segundo de primaria. Antes de comenzar los ensayos nos dieron un recorrido y tengo grabada la imagen de las piernas rojas del escenario, las butacas y las luces reflejándose en el piso. En ese momento pensé: «Yo quiero estar aquí toda mi vida. Quiero hacer del escenario mi vida».
Ese niño tenía un sueño y, gracias al apoyo de mis papás y a todo lo que he ido construyendo, sigo persiguiéndolo.
¿Cuál ha sido el mayor reto que has enfrentado en tu carrera?
La resiliencia. Esta es una carrera en la que dependemos mucho de otras personas. Puedes crear tus propios proyectos, pero también tienes que tocar puertas constantemente y aprender a recibir negativas.
Es necesario ser fuerte para aceptar un no y seguir adelante hasta encontrar ese sí. A veces, de 90 negativas llega una oportunidad, y tienes que encontrar la fuerza para continuar buscándola.
Además, creo que aprendemos más de los no que de los sí. Cada proyecto y cada rechazo te dejan una enseñanza. El reto está en aprender de esas experiencias sin permitir que te hagan abandonar lo que quieres.
¿Qué has descubierto de ti mismo a través de la actuación que quizá no habrías conocido de otra manera?
He desarrollado muchísimo la empatía. Cuando interpretas a un personaje, te pones en sus zapatos, en su piel, y empiezas a observar la vida desde otra perspectiva. Ya no estás viendo el mundo únicamente como Jesús Rodríguez, sino a través de los ojos de alguien más.
Esa capacidad de comprender cómo otra persona piensa, siente y toma decisiones me ha ayudado muchísimo como actor y también en mi vida personal.
La creatividad es otra de las cosas que más he desarrollado. Creo que ambas son herramientas fundamentales para construir personajes y entender las historias que queremos contar.
¿Cómo se complementan tu formación como actor y tu trabajo como creador de contenido?
La actuación me ha ayudado muchísimo a convertirme en un mejor creador de contenido. Aunque el lenguaje es diferente, hay herramientas que funcionan en ambos mundos: la voz, la proyección y, sobre todo, el storytelling.
En un video o una campaña estás contando una historia y necesitas mantener la atención del público, igual que cuando tienes que sostener una función de dos horas o un monólogo frente a una audiencia.
Toda esa formación actoral me ha dado herramientas para comunicar mejor mis ideas, construir historias y conectar con las personas que ven mi contenido.
¿Qué necesita un personaje para que te interese interpretarlo?
Que me enseñe algo y que tenga un arco dramático. Me interesa que el personaje no termine como empieza la obra, que atraviese un viaje y experimente una transformación.
Siempre busco ese recorrido, ese aprendizaje que sucede a lo largo de la historia. Me gusta interpretar personajes que evolucionan, que se cuestionan cosas y que, de alguna manera, también me permiten aprender algo a mí.
Neil Perry: encontrar una voz propia

¿Qué encontraste en Neil Perry que te hizo querer interpretarlo en La Sociedad?
Sus ganas y su amor por el teatro. Ese es el principal motor de Neil: descubrir una vida que no sabía que podía tener.
Creo que el profesor Keating no les cambia la vida a sus alumnos simplemente porque les enseña algo, sino porque los impulsa a descubrir que pueden elegir qué vida quieren vivir.
Neil está acostumbrado a recibir negativas y a escuchar qué debe hacer y qué no. Vive siguiendo el futuro que su papá ha diseñado para él. Sin embargo, cuando descubre el teatro, encuentra algo que le gusta y sobre lo que puede tomar una decisión propia.
Eso fue lo que más me atrajo del personaje. Empaticé con él porque quienes amamos el teatro compartimos ese impulso de encontrar vida en el escenario. Neil tiene muchísima vida, y eso fue fundamental para querer interpretarlo.
¿Qué tan cercana te resulta la experiencia de elegir entre lo que debes hacer y lo que realmente quieres?
Por fortuna, he tenido unos papás muy comprensivos que siempre me han apoyado. Me siento muy afortunado porque no tuve que enfrentar una situación como la de Neil, en la que alguien más decidiera mi futuro y yo tuviera que luchar por defender mi vocación.
Tengo compañeros que no han tenido esa misma suerte y que sí han vivido ese conflicto. Por eso también es importante para mí entender lo que significa para Neil enfrentarse a las expectativas de su papá.
¿Hubo alguna escena de Neil que te tocara particularmente y cambiara tu manera de entenderlo?
Creo que todas las escenas te mueven algo y que esa conexión se va construyendo poco a poco. Sin embargo, la que más me impacta es el último conflicto que tiene con su papá.
Neil intenta expresarle lo que quiere y pedirle que lo escuche. Por primera vez se atreve a hablar desde ese lugar, pero llega un momento en el que se da por vencido y siente que no vale la pena seguir intentando.
Es muy fuerte porque vemos todas las ganas de vivir que tiene, todo lo que sueña y descubre a través del teatro, pero también entendemos que siente que no es el momento de hacerlo realidad. Esa contradicción me hizo conectar muchísimo con él.
Neil es sensible, carismático y entusiasta, pero también vulnerable. ¿Cuál fue el mayor reto de interpretarlo sin reducirlo a su conflicto familiar?
La dualidad. Hay una idea que aparece en una escena con el profesor Keating: Neil quiere ser actor, pero, de alguna manera, ya está actuando en su propia vida. Interpreta el papel que su papá espera de él y el que debe cumplir dentro de la escuela, mientras intenta descubrir quién es realmente.
Trabajé esa dualidad desde el cuerpo. Al principio de la obra, Neil es rígido: sus movimientos son más robotizados, controlados y seguros. Conforme avanza la historia, comienza a desenvolverse y a descubrir lo que le gusta.
El reto estaba en mostrar su vulnerabilidad sin quitarle fuerza. Neil ha aprendido que no debe llorar, levantar la voz ni decidir por sí mismo porque alguien más ya ha establecido lo que debe hacer. Sin embargo, dentro de él existe una sensibilidad enorme que necesita encontrar una salida.
Quería mostrar a un joven que está descubriéndose por primera vez y que necesita reunir el valor para expresar lo que siente, incluso cuando tiene miedo de que los demás lo vean.
¿Qué puede decirle La Sociedad a las nuevas generaciones sobre la libertad y la búsqueda de una identidad propia?
Creo que uno de los aspectos más poderosos de esta historia es que resulta atemporal. La película original se estrenó en los años ochenta y, aunque han cambiado la música, la ropa y muchas costumbres, seguimos enfrentándonos a las mismas expectativas.
La obra habla de hasta dónde escuchamos nuestra voz interior y cuánto estamos dispuestos a silenciarla para cumplir con lo que alguien más espera de nosotros.
También me parece importante entender que la violencia no siempre se manifiesta a través de golpes o maltrato psicológico. A veces, permitir que alguien decida sobre tu vida antes de que puedas expresar lo que quieres también puede convertirse en una forma de violencia.
Ser fiel a ti mismo no significa traicionar a tus papás ni dejar de amar a tu familia. Significa reconocer que puedes querer a las personas que te rodean y, al mismo tiempo, tener una voz propia. Creo que esa es una de las reflexiones más importantes que los jóvenes pueden encontrar en esta historia.
El escenario como espacio de libertad

Para Neil, el teatro representa un lugar donde puede sentirse libre. ¿Qué significa para ti estar sobre un escenario?
Es una sensación muy bonita e inexplicable. Cuando estoy interpretando a un personaje, sucede algo curioso: dejo de ser consciente de que hay un público enfrente. Evidentemente, como actor, sé que debo proyectar la voz y hacer que las personas puedan verme y escucharme, pero durante la interpretación me concentro mucho en los ojos de mis compañeros y en conectar con ellos.
Esa conexión hace que el público desaparezca de mi conciencia y que la escena se convierta en un momento íntimo entre los personajes, aunque haya muchísimas personas observándonos.
Para mí, el teatro es un trabajo de equipo. Necesitas conectar con quienes comparten el escenario contigo para contar una historia y hacer que suceda de verdad. Me encanta esa sensación de libertad, de poder vivir a través de la piel de alguien más y prestar mi voz a una historia que no es la mía.
Creo que las historias existen porque hay algo que necesita ser contado y porque también hay alguien que puede escucharlo. No me gusta pensar que nuestro trabajo consiste en enseñarle algo al público, porque no somos maestros. Cada persona conecta con una historia de manera distinta y decide qué significado tiene para ella.
Me ha pasado que personas del público se acercan y me dicen que Neil les recuerda a sus hijos, a un amigo de la primaria o a alguien que conocieron hace años. También me gusta pensar que todos hemos tenido un profesor Keating en algún momento de nuestra vida: alguien que nos ayudó a mirar las cosas de otra manera.
¿Qué has tenido que desaprender para transformar tu propia idea del éxito?
Antes era una persona muy perfeccionista. Me gustaba tener todo en orden, saber qué seguía y controlar cada paso: primero esto, después aquello y luego lo demás.
A través del teatro, los cursos y los personajes he aprendido a soltar un poco ese control. Me encanta improvisar, aunque a veces mis directores no estén tan contentos porque existe un texto que debemos respetar y mis compañeros pueden terminar sorprendidos.
Sin embargo, me gusta esa posibilidad de que algo inesperado suceda en escena. A diferencia del cine, donde una toma puede repetirse muchas veces hasta conseguir el resultado buscado, el teatro ocurre en vivo. Las reacciones de tus compañeros pueden cambiar y generar momentos genuinos que hacen que cada función sea distinta.
Esa experiencia me ha enseñado que también podemos improvisar en la vida. No tenemos todo planeado y no podemos controlar cada situación. Lo importante es aprender a reaccionar ante lo inesperado, disfrutar el proceso y no frustrarnos por aquello que está fuera de nuestras manos.
¿Qué tipo de actor quieres ser y qué historias te gustaría explorar en el futuro?
Me encanta la comedia y disfruto muchísimo trabajar con el timing, pero también soy muy dramático. Me gusta el drama, la intimidad y la posibilidad de conectar con el público a través de personajes profundos.
No quiero encasillarme en un solo género. Me interesa comprender por qué un personaje toma determinadas decisiones, qué hay detrás de sus acciones y qué circunstancias lo llevan a ser quien es.
Además, interpretar a otras personas me ha ayudado a cuestionar decisiones de mi propia vida. A veces observo a un personaje y me pregunto por qué eligió determinado camino, si actuó por sus propias convicciones o por cumplir las expectativas de alguien más. Después me doy cuenta de que esas mismas preguntas también pueden aplicarse a mí.
Quiero seguir encontrando personajes que me hagan reflexionar y que conecten conmigo, sin importar si pertenecen a la comedia, al drama o a otro género. Disfruto mucho el teatro musical, pero también me gustaría incursionar en el cine. Es uno de mis objetivos a corto plazo y una oportunidad que me entusiasma explorar.
Si pudieras sentarte frente al Jesús que comenzaba a soñar con la actuación, ¿qué le dirías hoy?
Le diría que se meta a clases de canto. (Risas).
Y también le diría que haga lo que sabe hacer, que siga su corazón y que sea fiel a eso. Porque gracias a lo que está haciendo y a todo lo que va a hacer, hemos llegado hasta donde estoy hoy.
Le diría que siga adelante, que confíe en sí mismo y que no deje de perseguir ese sueño. Que lo está haciendo bien.

Al final, tanto Neil como Jesús nos recuerdan que crecer también significa aprender a escucharnos, soltar el miedo a decepcionar y confiar en aquello que nos hace sentir vivos.
Para Jesús Rodríguez, el teatro no solo es un escenario donde contar historias, sino un espacio para descubrirse, cuestionarse y seguir persiguiendo aquel sueño que comenzó en la infancia. Porque, a veces, ser fiel a uno mismo es el acto más valiente de todos.
