Darío Duque: entre sueños, personajes y un nuevo comienzo
Hay personajes que llegan a una carrera como un trabajo más y otros que representan un antes y un después. Para Darío Duque, interpretar a Alfredo Rochi en la nueva adaptación de La Pícara Soñadora pertenece definitivamente a la segunda categoría.
Por: Raúl Uribe.
Fotografía: José Indart
Agencia: Emirec
PR: Yanko Bribiesca
Grooming: Albertto Campos
Stylist: Manuel Delgado
Look: José Ventura

Después de varios proyectos y de construir su carrera paso a paso, Darío se encuentra ahora frente a uno de los retos más importantes de su trayectoria: encabezar una producción que retoma una historia conocida por varias generaciones y que, al mismo tiempo, busca conectar con una audiencia acostumbrada a consumir historias de manera mucho más inmediata.
La responsabilidad no es menor. La versión original dejó personajes y relaciones que permanecen en la memoria del público, particularmente la historia de amor entre Alfredo y Lupita. Sin embargo, Darío decidió enfrentarse al personaje desde su propia perspectiva, acompañado por un equipo que, asegura, trabajó con mucho respeto por la esencia de la historia original.
En conversación con Zero Magazine, el actor habla sobre su primer protagónico, la construcción de Alfredo Rochi, la química con Abril, los retos de trabajar una historia que ya tiene un lugar en la memoria colectiva y el sueño que existe detrás del actor que vemos frente a una cámara.

Darío, estás por entrar a un proyecto como La Pícara Soñadora. ¿Cómo estás viviendo este momento de tu carrera y qué significa para ti formar parte de una producción de esta dimensión?
La verdad, estoy muy contento. Han sido unos tres meses de muchas emociones, muchas experiencias y muchas personas que se han cruzado por el camino. Poder compartir con ellos y tener la dicha de vivir esta experiencia, además para uno que está empezando, es algo muy bonito.
Las expectativas siempre van a estar en lo que sea que uno haga y eso no se puede evitar. Pero creo que todo el equipo ha hecho un muy buen trabajo, sobre todo respetando la esencia de lo que fue en su momento este gran proyecto.
Con el favor de Dios, esto también lo será. Independientemente de eso, ya lo disfruté, ya se hizo y ya se vivió. Ahora lo que queda es que el público lo reciba como lo tenga que recibir y espero que sea de una manera muy bonita.
Para mí es un pasito más en mi lista de objetivos. Ahora toca seguir dándole, pero también disfrutando el presente y todo lo bonito que estoy viviendo: las entrevistas, la oportunidad de ir a la pregala y conocer a todo el grupo. Esas son cosas muy bonitas que tengo que disfrutar en este momento. Lo grabado, grabado está.
Cuando recibiste el guion y supiste que ibas a interpretar a Alfredo Rochi, quien se hace pasar por Carlos Pérez, ¿qué fue lo primero que pensaste?
Primero quiero hacer un pequeño detalle ahí: Alfredo Rochi es el personaje que se hace pasar por Carlos Pérez, que es su mejor amigo.
Cuando me cayó el libreto pensé: “Oh, my God, qué largo está esto”. ¿Cómo voy a hacer para aprender todo? Eran 14 horas diarias y todo de memoria, así que uno empieza a ejercitar la memoria y todas esas cosas de una manera muy loca.
Pero nada, con mucho amor, con mucho cariño y con mucho respeto. Me acuerdo que con mi acting coach le prendí una velita a Eduardo Palomo. Le pedí permiso y le dije: “Por favor, échame la buena vibra. Quiero hacer este proyecto”. Todo con mucho respeto, la verdad.

Alfredo llega a la historia como un supuesto empleado que parece no tener demasiado interés en el trabajo, aunque detrás de esa personalidad está el heredero de los almacenes. ¿Qué fue lo más divertido y qué fue lo más desafiante de interpretar a alguien que vive entre dos identidades?
Lo primero que quiero resaltar es lo divertido, porque creo que es con lo que más uno se queda.
Las primeras escenas de Alfredo en la tienda eran súper divertidas porque es este niño que simplemente va a trabajar y tiene una responsabilidad cuando va a trabajar, pero él no tenía ninguna responsabilidad. Había momentos en los que simplemente echaba desmadre, simplemente era él, y había algo bonito en esa libertad, en no tener una preocupación de tener que cumplir y demás.
Mientras avanza la historia, él se va comprometiendo un poco más, se va enamorando más de Lupita y muchas cosas van cambiando. Ya no es esta persona despreocupada en el trabajo o en su vida personal.
En cuanto al reto, más que nada fue mantener una idea muy clara de todos los momentos por los que estaba pasando el personaje.
Es mi primer protagónico. Nunca me había expuesto a una tarea como esta y me sorprendió descubrir que también hay que tener en cuenta algo que no siempre te dicen: llevar este mapa mental, ya sea en tu cabeza, en el guion o en una libreta, de todos los momentos por los que está pasando el personaje.
Hay que saber qué ha vivido, qué todavía no sabe, qué sí sabe y qué está preparándose para vivir. Creo que ese fue un reto muy bonito con el que me encontré y que tuve que trabajar.
La interpretación de Eduardo Palomo como Alfredo marcó a toda una generación. ¿Cómo construiste tu propia versión del personaje sabiendo que ahora podrías conectar con una nueva generación?
La verdad, soy muy afortunado en el sentido de que los escritores hicieron un muy buen trabajo. Siento que todo estaba muy definido en el arco del personaje, por dónde quería que pasara y demás.
Cuando uno tiene eso en su poder se facilita mucho más el desempeño. También cuando tus compañeros son generosos, como fue el caso de mis compañeros, de mi papá en la serie, de Pollito, de mi tía y de todos los que tienen que ver conmigo. Fueron actores muy generosos.
Entonces, a la hora de interpretar, de buscar y de conectar, todo se hace más ameno.
Ahora bien, en la original algo que siempre me llamó la atención fue esa química tan bonita que tenían Eduardo y Mariana. Abril y yo platicamos mucho de eso: cómo íbamos a crear esta química, esta conexión, este vínculo que tienen esos dos personajes.
A mí me encantaría respetar eso y que también se viera, porque al final es parte de la esencia de todo lo que sucedía en la original. Obviamente esto es una adaptación y hay cambios y nuevas cosas, pero esa química tiene que verse muy bien.
Para mí era simplemente buscar los detonantes específicos que necesitaba el personaje para mirarla de esa manera o, cuando ella me contara algo, sonreírle. Por ahí iba todo.
La relación entre Alfredo y Lupita comienza prácticamente desde el choque: discuten, se desesperan y poco a poco aparece la atracción. ¿Qué descubriste trabajando con Abril sobre esa química y qué se necesita para que una historia de amor se sienta natural?
Creo que volvemos un poco al compromiso profesional de todos.
La comunicación, la honestidad y la confianza son cosas que a mí me gusta trabajar con mis compañeros. Cuando tengo ciertas escenas o ciertas cosas, me gusta tener un diálogo previo con ellos, primero que nada para saber con qué ser humano estoy trabajando y también para que ellos sepan con qué ser humano están trabajando.
Así vamos generando confianza y haciendo entender que todo está medido.
Todos los besos, si te pongo el brazo aquí o allá, todo está platicado. Entonces, teniendo esa convención muy clara, simplemente es jugar, dejarse llevar por lo que el personaje está sintiendo en ese momento y creértelo.
Ya lo demás es soltar. Hiciste todo el trabajo previo: estudiar, entender qué está pasando, por qué voy, por qué no me voy, por qué la quiero besar o por qué no la quiero besar.
Después de tener eso claro, también es dejar ir.

La historia original nació en una televisión muy diferente a la actual. Hoy tenemos redes sociales, plataformas y una cantidad enorme de estímulos. ¿Qué descubriste en esta nueva versión que probablemente no estaba en la historia original?
Ahí sí te fallaría un poco porque primero no tuve oportunidad de ver toda la novela original de principio a fin y tampoco sé qué fue lo que utilizó Eduardo en su momento para sacar y darle vida a su Alfredo.
Yo solo puedo decir lo que vi y lo que sentí.
Intentando responder lo mejor posible, creo que tiene que ver con traer la tecnología y con cómo la sociedad hoy en día gira mucho alrededor de estos aparatos. Tenemos conflictos y cosas que prácticamente comienzan a través de un teléfono.
Hay momentos en los que nos atrapan haciendo travesuras o cosas indebidas, en el sentido de engaños, por la tecnología.
En aquella época no existía el teléfono, un video o esta presión de las redes sociales que experimenta, por ejemplo, Giovanna en la serie. Entonces, adaptarse a esos nuevos cambios y a estas nuevas cuestiones que nos rodean es parte de lo que aporta esta versión.
¿Qué crees que puede encontrar una generación como la nuestra en una historia que habla de imaginar, soñar y construir algo desde cero?
¿Qué te engancha a ti cuando ves un programa o una serie que te gusta mucho?
A mí me gusta mucho La Casa de los Famosos. Soy un cliente fácil, digámoslo así. Me gusta todo el drama que va sucediendo.
Creo que tiene que existir algo que te mantenga picado. Hoy, hablando de reels, es como vemos muchas cosas: algo tiene que hacer que no le pongas el doble de velocidad y digas “Wow”. Tiene que hacer que quieras verlo.
Lo mismo sucede con un podcast. A veces vemos un fragmento de 30 segundos en redes sociales y eso nos llama la atención, así que vamos a esa parte del podcast o incluso terminamos aventándonos un podcast de dos horas.
¿Y sientes que La Pícara Soñadora consigue mantener ese nivel de atención?
Fíjate que tocaste muchas cosas que siento que esta producción ha sabido manejar muy bien.
Son 21 capítulos y no es que las escenas estén comprimidas, sino que son escenas donde siempre está sucediendo algo. Hay una información muy específica y esa escena te deja enganchado para lo que sigue.
Todas las escenas y todos los personajes tienen un objetivo y una misión muy específica. No solamente Alfredo y Lupita, que llevan el peso de la historia. También hay otros personajes con historias muy bonitas en las que puedes identificarte y engancharte.
Termina una parte, pero también existe otra, y eso te da una variedad de estímulos en los que puedes ver dónde te sientes más identificado con la historia.
Además, la producción ha sabido meter efectos de sonido muy específicos. Son cosas muy sencillas: por ejemplo, me arreglo el pañuelo y hay un efecto de sonido; se mueve la cámara y aparece otro sonido.
Son cosas que creo que el público agradece porque te mantienen enganchado. Siempre hay algo que te hace decir: “Ey, vuelve”.
Lo poco que he visto me ha enganchado. Si a mí me engancha y yo tengo un ojo crítico y soy delicado con las cosas, me gustó. Entonces existe la posibilidad de que también le guste a más personas.
Has construido tu carrera paso a paso, desde tus primeros trabajos en televisión hasta llegar a protagonizar una producción como esta. ¿Hubo algún momento en el que pensaste: “Esto que alguna vez soñé ya está empezando a suceder”?
Voy a hablar por mí, porque no todos los seres humanos somos iguales.
A mí me pasó algo. Yo ya había hecho algunas cosas y, cuando apliqué al SEA, estábamos terminando la pandemia. Muchas de las clases sucedían por Zoom.
Llegó un momento en el que estábamos preparando una obra de teatro por Zoom y me llegó uno de esos déjà vu que a veces suceden. Vi cámaras y pensé: “Ah, qué bonito”.
Mientras fueron pasando los meses, me mudé a México. Me dieron un llamadito acá, otro allá y, de una u otra manera, esa visión se dio.
Ya llegué a México y llegué detrás de una cámara, bueno, delante de una cámara.
Poquito a poquito uno tiene que ser agradecido con todas las pequeñas oportunidades que va agarrando en la vida, porque te llevan hasta momentos como este, en los que quizá dices: “Esto es la punta del iceberg en mi experiencia”.
Sí, pero es que he hecho tantas cosas y he pasado por tantos momentos que también hay que ser agradecidos, porque esos momentos son los que me trajeron hasta acá.
Ahora mismo, como dicen, “estoy viviendo la película”. Pero también hay que recordar todo lo que pasó para llegar hasta ahí. Eso también es parte de lo bonito y de la anécdota.
Si La Pícara Soñadora representa una nueva etapa para ti, ¿qué sueño sigue después de Alfredo? ¿Qué te gustaría mostrarnos de Darío Duque que todavía no hayamos visto?
Cada vez que tengo la oportunidad de platicar con ustedes y con todos sus compañeros que se dedican a esto, la verdad lo disfruto mucho porque es una oportunidad para que la gente allá afuera genuinamente vea cómo le funciona la cabeza a uno.
Simplemente nos ven en la pantalla y puedes entrar en la convicción del personaje y pensar que la persona es así. O a lo mejor me ves ahora y dices: “Ay, qué chico más aburrido”, qué sé yo.
Pero una entrevista te da la oportunidad de ver cómo soy, el ser humano que soy.
Siempre estoy muy agradecido por tener la oportunidad de platicar y, sobre todo, si puedo dar un consejo a alguien de alguna manera con lo que he vivido.
Me gusta mucho ayudar porque siempre me he topado con gente muy bonita en mi vida que ha pasado por algún momento y me deja algo que intento adaptar a mí. Cuando lo domino de cierta manera, intento también pasárselo a otra persona.
Me quedaría con ser real, dar buenos consejos, ser humano y ser sensible.
Ese es Darío. Igual verás al Darío serio, al Darío de aquí, como todos. Todos tenemos nuestros días, pero creo que soy una persona muy sensible.

Darío Duque: seguir soñando mientras la vida sucede
Hay algo especialmente interesante en la conversación con Darío Duque: mientras habla de su primer protagónico, también habla de todo aquello que tuvo que suceder antes para llegar hasta él. De las clases por Zoom durante la pandemia, de mudarse a México, de las pequeñas oportunidades y de aprender a agradecer cada paso.
Quizá por eso La Pícara Soñadora representa algo más que un nuevo crédito en su carrera. Alfredo Rochi llega en un momento en el que Darío también está descubriendo hasta dónde puede llevarlo su propia historia.
Frente a la presión de interpretar un personaje que ya tiene un referente en el imaginario del público, eligió trabajar desde el respeto, pero también desde su propia sensibilidad. Y mientras la historia de Alfredo busca descubrir quién es detrás de una identidad prestada, Darío parece estar haciendo algo parecido desde otro lugar: descubrir quién quiere ser como actor.
Por ahora, su siguiente capítulo ya tiene nombre: Alfredo Rochi. Lo demás, como él mismo dice, toca vivirlo.
