Los fetiches de los mexicanos: un estudio revela qué despierta más el deseo
¿Una voz, una respiración o una dinámica de poder? Cuando se habla de fetiches, hay ideas que suelen dominar la conversación, pero los intereses sexuales pueden ser mucho más diversos de lo que imaginamos. Un nuevo estudio de JOYclub y el Instituto Mexicano de Sexología (IMESEX) busca poner sobre la mesa qué despierta el interés de los mexicanos y cómo viven estas preferencias en su intimidad.
La investigación, presentada el 13 de octubre de 2026, reunió las respuestas de 7,009 personas de entre 18 y 89 años, provenientes de las 32 entidades del país. A través de un cuestionario con 33 intereses diferentes, exploró desde partes del cuerpo y objetos hasta sonidos, sensaciones y dinámicas sexuales.
Los fetiches de los mexicanos van más allá de lo evidente
Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es que los sonidos, como la voz y la respiración, obtuvieron puntuaciones superiores a las dinámicas de poder. Esto pone en perspectiva algunas de las ideas más comunes sobre los fetiches: aquello que despierta el deseo no necesariamente tiene que ser visual o estar relacionado con prácticas de dominación.
En cuanto a las partes del cuerpo, la boca, los labios y la lengua destacaron por encima de los glúteos y los pies. Por otro lado, entre los objetos, los juguetes sexuales superaron a la ropa interior y al látex. Los olores corporales, el abdomen y las texturas al tacto también aparecieron entre los intereses con mayor puntuación.
El estudio reportó diferencias relativamente pequeñas entre hombres y mujeres en la mayoría de las categorías, aunque identificó algunas variaciones según el género y la orientación sexual. Por ejemplo, los glúteos, los pies y las medias puntuaron más alto entre los hombres, mientras que las manos, los dedos y los antebrazos destacaron entre las mujeres.

Hablar de deseo también implica hablar de consentimiento
Más allá de las preferencias, los resultados ofrecen una mirada sobre cómo se integran los fetiches a la vida sexual. Según el estudio, el 71% de las personas encuestadas ha llevado alguno de sus intereses fetichistas a experiencias sexuales reales. Sin embargo, solo el 7.6% señaló necesitarlos para excitarse.
Entre quienes reconocen tener algún interés de este tipo, el 73.4% lo relacionó con placer y satisfacción, mientras que el 1.1% reportó malestar significativo. Además, casi seis de cada diez personas afirmaron que estos intereses nunca habían interferido en su vida cotidiana o en sus relaciones.
La comunicación con la pareja también mostró resultados interesantes: el 56.2% recibió apertura y disposición para explorar cuando compartió sus intereses, mientras que el 20.2% encontró curiosidad sin participación activa. Solo el 4.4% reportó incomodidad o rechazo. Aun así, únicamente el 41.6% dijo conversar siempre con su pareja antes de probar algo nuevo.
El consentimiento explícito obtuvo una calificación promedio de 4.77 sobre 5, uno de los resultados más altos del cuestionario.
Menos prejuicios, más educación sexual
El estudio también encontró que el 40.9% de las personas participantes había formado parte de alguna comunidad kink. Entre los beneficios mejor valorados apareció el aprendizaje de prácticas más seguras, además de la importancia de negociar límites y hablar abiertamente sobre el consentimiento.
Al mismo tiempo, las respuestas abiertas reflejaron preocupaciones persistentes: miedo al rechazo, temor a que un fetiche sea interpretado como una enfermedad o una señal de trauma, y la necesidad de contar con más información y espacios libres de prejuicios.
Los resultados no significan que todas las personas compartan los mismos intereses ni que una encuesta pueda representar por completo la diversidad sexual del país. Sin embargo, sí abren una conversación necesaria: tener una preferencia sexual poco común no implica, por sí mismo, que exista un problema.
Hablar de fetiches también es hablar de autoconocimiento, comunicación y límites. La clave está en vivir la sexualidad de manera consensuada, informada y respetuosa, sin convertir la diferencia en motivo de vergüenza.
