José Ángel González: actuar para transformar
Perseguir un sueño también significa aprender a vivir con la incertidumbre. Para José Ángel González, el camino de Aguascalientes a la Ciudad de México ha estado marcado por la disciplina, las decisiones valientes y la convicción de que vale la pena intentarlo, incluso cuando el futuro parece incierto. Hoy, su participación en Mal de amores, la adaptación de Netflix de la novela de Ángeles Mastretta, representa un nuevo capítulo en una carrera construida con paciencia y amor por el arte.

En esta conversación con Zero Magazine, el actor nos habla de los aprendizajes que le dejó el teatro, la humanidad detrás de su personaje, Patricio «Titi», y el poder de las historias para transformar a quienes las encuentran. También nos comparte una mirada íntima sobre el joven que llegó a la capital con una maleta llena de sueños y la persona que es hoy.
Por: Raúl Uribe
Fotografía: Kevin Corona
Video: Ruben Garcia
Stylist: Bobby Medina
Grooming: Juan Peralta
Antes de hablar del actor, me gustaría conocer a José Ángel. ¿Quién eres cuando no estás interpretando a alguien más?
Soy una persona muy ligera con la vida, a quien le gusta vivir de manera auténtica y disfrutar los momentos más sencillos, así como los grandes. Me gusta relacionarme con las personas que tengo alrededor, generar vínculos de valor y divertirme con mis amigos. También disfruto mucho escuchar música y dejar que mi mente viaje.
Soy alguien leal a su gente, que disfruta conectar con los demás, aprender cosas nuevas y tomar riesgos.

Llegaste de Aguascalientes a la Ciudad de México para perseguir tu sueño de vivir de la actuación. ¿Qué ha cambiado en aquel José Ángel que llegó a la capital y qué parte de él te has negado a perder?
Creo que lo que más ha cambiado es mi madurez mental. Durante el tiempo que llevo aquí he pasado por distintas etapas que me han hecho crecer. He tenido que madurar para estar a la altura de la ciudad y de todo lo que implica vivir aquí.
Lo que no ha cambiado es ese José Ángel que tomó la decisión de decir: «Esto es lo que quiero hacer, me voy a aventar y a ver qué pasa». Me gusta que esa chispa siga existiendo en mí: tener ganas de hacer algo y animarme a intentarlo. Si no funciona, pues que no funcione, pero nunca me quedé con las ganas.
La carrera actoral está llena de audiciones, rechazos e incertidumbre. ¿En qué momento has dudado más de ti y qué te hizo continuar?
Siempre digo que esta carrera es una montaña rusa, porque nunca sabes qué va a pasar, qué oportunidades llegarán o qué es lo que los demás buscan en ti como actor.
Justo antes de que llegara el casting de Mal de amores, mi vida había tomado otro rumbo. Empecé a trabajar en otras cosas, aunque nunca solté el teatro, y me enfoqué en otras actividades porque había momentos en los que no sabía qué iba a pasar con mi futuro artístico.
Llegó un punto en el que empecé a preguntarme qué estaba sucediendo con mis proyectos y mi carrera. Entonces llegó Mal de amores, y para mí fue como una señal del universo que me decía que tenía que seguir por ese camino.
Formar parte de este proyecto fue increíble y me recordó que no hay que tirar la toalla. Siempre hay que tener presente ese sueño y seguir luchando por él.
¿Cuándo entendiste que actuar no era solamente algo que amabas, sino una profesión a la que querías dedicar tu vida?
Creo que lo descubrí en la preparatoria, cuando tomaba talleres de teatro. Ahí encontré esa chispa y empecé a entender que ese mundo me interesaba de verdad. Después descubrí cuánto me gustaba todo lo que rodea al teatro, las grabaciones y los proyectos audiovisuales.
Me emociona pensar que, gracias al trabajo que hago, una persona que vaya a verme al teatro o que vea una producción en la que participe pueda experimentar una transformación. A mí me ha pasado al ver teatro o películas: son experiencias que me han cambiado.
Me gustaría que alguien terminara de ver un proyecto mío y pensara: «¡Qué padre lo que hizo! Me cambió la manera de ver algo». Esa posibilidad es una de las cosas que más me atraen de la actuación.
El teatro es una parte importante de tu formación. ¿Qué te ha enseñado el escenario que hoy llevas contigo frente a una cámara?
La disciplina, al cien por ciento. Desde el primer momento en la escuela nos enseñaron que, pase lo que pase, tienes que estar ahí. Eres una pieza importante de una creación colectiva y el trabajo de los demás también depende de ti.
En lo audiovisual aprendí a aplicar esa misma disciplina. Aunque el proceso es diferente, también implica una gran responsabilidad, porque las producciones cuestan muchísimo dinero y no puedes permitir que, por tu falta de compromiso, se retrase una grabación.
La disciplina es una herramienta que siempre llevo conmigo. Estoy agradecido con el teatro y con mis maestros por haberme enseñado algo que hoy forma parte del actor que soy.

Cuando construyes un personaje, ¿qué buscas encontrar dentro de ti y cuánto de José Ángel termina inevitablemente en él?
Lo primero que busco es entender al personaje y encontrarle el peso que necesita. Quiero comprenderlo para que las cosas caigan en su lugar y pueda darle sentido a lo que estoy haciendo.
Después, sé que siempre habrá algo de mí en cada personaje, porque soy yo quien lo interpreta. Hay personajes que me resultan más cercanos y con los que puedo conectar a través de una risa, una manera de mover las manos o ciertos gestos.
En otros casos soy muy diferente y quizá solamente encuentro un movimiento o un detalle que puedo aportar. Pero siempre soy consciente de que hay algo mío ahí. No se trata de desprenderme por completo de mí mismo, sino de aprovechar lo que puedo ofrecer para darle profundidad y credibilidad al personaje.
Con Mal de amores das un paso importante en tu carrera y llegas de la mano de Netflix. ¿Qué pasó por tu cabeza cuando supiste que habías conseguido el papel?
¡Fue una locura! Todavía recuerdo perfectamente el momento en que recibí el mensaje para decirme que me había quedado en el proyecto. Grité de la emoción. Estaba a punto de entrar a una junta en el trabajo que tenía y les dije a todos que acababa de conseguir un proyecto para Netflix. También les escribí a mis papás para contarles.
Cuando llegas a esta ciudad con el objetivo de construir una carrera como actor, tienes ciertas metas, y para mí formar parte de una producción de Netflix siempre había sido uno de esos sueños.
Además, fue increíble compartir el proyecto con un elenco como el de Renata Vaca, Iván Arana y Juan Pablo Fuentes, entre muchos otros talentos, como Miguel Rodarte, Diana Bovio, Cassandra Ciangherotti, Juan Pablo Medina y Mariana Burelli.
En algunos momentos me preguntaba: «¿Cómo estoy aquí?». Después entendía que también tenía que reconocer mi propio esfuerzo: he trabajado duro para llegar a estas oportunidades y merezco disfrutarlas. Eso fue lo que hice.
En la serie interpretas a Patricio, conocido como Titi, un personaje que puede generar rechazo, pero que también está marcado por su contexto y educación. ¿Cómo encontraste su humanidad sin juzgarlo?
Lo importante es entender de dónde viene. Por el contexto, el lugar y la posición en los que se encontraba, su mundo era una burbuja en la que no veía más allá de lo que conocía.
Como actor, tienes que encontrar las razones por las que el personaje entiende las cosas de cierta manera y se comporta como lo hace. No necesariamente se trata de alguien que quiera hacer daño, sino de una persona que ha aprendido a vivir de acuerdo con las circunstancias que le tocaron.
Por eso, no puedes pelearte con la idea de que te tocó interpretar a alguien que quizá no le caiga bien al público. Mi trabajo es comprenderlo y no juzgarlo. Después, cada espectador tendrá sus propias conclusiones.

Aunque la historia de Mal de amores transcurre durante la Revolución Mexicana, sus conflictos siguen vigentes. ¿Hubo algo de Titi que te hiciera cuestionar a la sociedad o incluso tu propia posición dentro de ella?
Sí. Aunque la historia ocurre en 1910, muchos de los temas que aborda siguen siendo muy actuales: el amor, los ideales, los sueños y las cosas que queremos lograr en la vida.
Todavía existe mucha desigualdad y hay personas que permanecen limitadas por el lugar en el que nacieron o por las circunstancias que les tocó vivir. Creo que es importante abrir los ojos ante esas injusticias y preguntarnos qué podemos hacer para contribuir al cambio.
También soy consciente de que ahora estoy en una posición un poco más privilegiada, al formar parte de un proyecto de este alcance y tener espacios para hablar de estos temas. Eso implica una responsabilidad: reconocer esas diferencias y entender que, desde el lugar que ocupamos, podemos ayudar a generar cambios.
¿Qué crees que Mal de amores puede decirle al México de 2026 sobre las mujeres, el amor y las relaciones?
Para empezar, creo que habla del poder de las mujeres dentro de la sociedad. Cada vez ocupan más espacios, tienen mayor presencia y hacen escuchar su voz. En México tenemos a la primera mujer presidenta y eso también habla de cómo se están abriendo oportunidades, aunque todavía falta muchísimo camino para alcanzar la igualdad que deseamos.
Por otro lado, está la manera en que entendemos el amor. A través de Emilia, sus relaciones con el doctor Zabalza y Daniel, y las historias de los demás personajes, descubrimos distintas formas de amar y de relacionarnos.
Creo que es importante permitirnos sentir lo que sucede en nuestro corazón y cuestionar las ideas que tenemos sobre el amor. Me parece muy interesante que una historia pueda llevar al público a replantearse cómo ama y cómo se relaciona con los demás.
Después de años de preparación, ahora formas parte de una producción que puede llegar a millones de personas. ¿Cómo estás viviendo este momento y qué clase de carrera quieres construir a partir de aquí?
Estoy feliz. No he hecho otra cosa que disfrutar el proceso y dejarme llevar por estos nuevos lugares que estoy descubriendo. También estoy encontrándome a mí mismo dentro de esta nueva etapa.
Al mismo tiempo, pienso mucho en el trabajo que viene. Sé que tengo que estar atento a las oportunidades, seguir creciendo en lo personal y en lo profesional, y aprovechar todo esto para continuar llegando a los lugares que quiero.
Me gustaría construir una carrera con bases sólidas y contenido, con historias y proyectos que transformen. Quiero participar en propuestas que llamen la atención y que, ya sea en el teatro, la televisión o cualquier otro espacio, hagan que las personas salgan cuestionándose algo.
Mi mayor deseo es que el arte que haga ayude al público a conectar con esos lugares a los que quizá le da miedo acercarse o que normalmente evita explorar.
¿Te da más miedo que millones de personas te conozcan o que crean conocerte después de verte interpretar a un personaje?
Creo que me da más miedo que crean conocerme. Es una locura pensar en la cantidad de personas que pueden llegar a verme a través de un proyecto, pero una cosa es conocer el trabajo de alguien y otra muy distinta creer que conoces a la persona detrás de ese trabajo.

Para cerrar, si pudieras sentarte frente al José Ángel que llegó a la Ciudad de México con una maleta, un sueño y muchas incertidumbres, ¿qué le dirías hoy?
Le diría que esté muy orgulloso de sí mismo, porque es muy valiente por cumplir sus sueños y luchar para llegar a esos lugares. Que no tenga miedo o que, aunque lo tenga, se atreva a hacerlo.
También le diría que el camino es el correcto. Habrá momentos en los que no sepa qué está pasando, pero tiene que seguir caminando y ser consciente de lo que quiere hacer.
Aunque no lo vea, hay una bola de nieve que está creciendo detrás de él con todo el trabajo que ha hecho. Llegará un momento en el que se dará cuenta de lo grande que es todo lo que lleva construido y que antes no podía ver. Ahora ese esfuerzo empieza a dar frutos.
La historia de José Ángel González es también la de alguien que decidió no quedarse con las ganas. Entre el teatro, los proyectos audiovisuales y las oportunidades que llegan después de años de preparación, el actor ha aprendido que avanzar no siempre significa tener todas las respuestas, sino conservar la valentía para dar el siguiente paso.
Con Mal de amores, José Ángel encuentra una nueva oportunidad para compartir su trabajo con el público y reafirmar aquello que desea construir: una carrera capaz de provocar preguntas, despertar emociones y dejar algo en quienes se acercan a sus historias. Porque, a veces, el verdadero éxito no está solamente en llegar a donde soñabas, sino en descubrir todo lo que puedes hacer una vez que estás ahí.
Sigue a Zero Magazine para descubrir más historias de las personas que están transformando la cultura, el entretenimiento y el arte.
